Aquí está lo que casi ninguna dentista te explica en la consulta: el estrógeno no solo regula el ciclo. También mantiene firme el tejido de las encías, regula el flujo de sangre en la boca y frena la inflamación.
Cuando entras en la perimenopausia —muchas veces desde los 35-40 años, antes de que lo notes en otros lados del cuerpo— el estrógeno empieza a caer. Y con él, cae también la protección natural de tus encías.
El resultado: las mismas bacterias que tu boca manejaba sin problema durante 20 años ahora encuentran una encía más débil, más inflamada y con menos defensas. Por eso el sangrado, la sensibilidad y el aliento empeoran justo en esta etapa, aunque tu rutina de higiene sea la misma de siempre.